A 20 años de la muerte del luchador social Cruz Villegas
Ernesto Villegas, Ministro de Estado para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, recordó este sábado a través de su cuenta en twitter @VillegasPoljakE, que hoy se cumplen 20 años de la muerte de su padre, el luchador social comunista Cruz Villegas.
Cruz Alejandro Villegas Sequera nació en la hacienda Tazón, en Cúa, Estado
Miranda, el 3 de mayo de 1917, el mismo año de la Revolución Soviética, de la
que fue admirador y ardoroso defensor.
Fue campesino, albañil, dirigente
sindical y poeta. Yo soy el último de los hijos que tuvo con Maja Poljak, la
judía croata con la que compartió su vida e ideales.
Hoy su nombre es citado con admiración desde distintas aceras del espectro político venezolano. Su amplitud en el trato personal con el adversario era, ciertamente, una de sus extraordinarias cualidades personales. Pero no la única. Entre ellas hay que resaltar su transparencia: Cruz era comunista, marxista leninista y -¡horror!, ¡susto!- no dudaba en proclamarse también estalinista.
Cierta vez le preguntaron qué ambicionaba. Y respondió:
“Tengo una gran ambición que es vivir el derrumbe final del sistema capitalista, cosa que creo va a ocurrir en este mismo siglo.
Deseo asistir al
acto solemne de instalación de la República Socialista de Venezuela”.
En tributo a su memoria, comparto con ustedes este poema suyo, titulado “Cuando llegue la muerte aborrecida”, dedicado a mi vieja, Maja:
I
Cuando ya todo esté consumado
Llegada la hora última de mi ciclo vital
Cuando deba comenzar la horizontalidad eterna
Cuando se vaya la vida
Cuando llegue la muerte aborrecida
La odiada vieja de guadaña infalible
De signo inexorable y fatal
Ofrendaré los últimos recuerdos
A los seres amados
Reandaré el largo camino de mi existencia
Y de la existencia de los hombres
El camino milenario de la humanidad
Abrevaré de nuevo
En los manantiales cristalinos
Y puros de los más puros ideales
II
Serán nobles mis últimos pensamientos
Reafirmación de la ruta escogida
La que escogimos tú y yo
La que siguen nuestros hijos
III
Mis últimos pensamientos serán para ti
Yo sé que tú cerrarás mis ojos
Conozco tu fortaleza
Y de seguro que no llorarás
Quizá sobre la tumba
Caiga una lágrima
Exprimida al corazón de roble
Por el dolor contenido será una lágrima gigante
Ella regará la tierra fértil
Y el surco universal se poblará de rosas purpurinas
Se proyectará más allá de la tumba
El rojo de nuestro amor sublime
Y el rojo de ese noble ideal
Que uniera nuestras vidas
¡Rojo eterno! ¡Rojo de perennidad!
¡Rojo de infinita inmensidad!
¡Comba roja del cielo futuro de la humanidad!
Fue campesino, albañil, dirigente
sindical y poeta. Yo soy el último de los hijos que tuvo con Maja Poljak, la
judía croata con la que compartió su vida e ideales.Hoy su nombre es citado con admiración desde distintas aceras del espectro político venezolano. Su amplitud en el trato personal con el adversario era, ciertamente, una de sus extraordinarias cualidades personales. Pero no la única. Entre ellas hay que resaltar su transparencia: Cruz era comunista, marxista leninista y -¡horror!, ¡susto!- no dudaba en proclamarse también estalinista.
Cierta vez le preguntaron qué ambicionaba. Y respondió:
“Tengo una gran ambición que es vivir el derrumbe final del sistema capitalista, cosa que creo va a ocurrir en este mismo siglo.
En tributo a su memoria, comparto con ustedes este poema suyo, titulado “Cuando llegue la muerte aborrecida”, dedicado a mi vieja, Maja:
I
Cuando ya todo esté consumado
Llegada la hora última de mi ciclo vitalCuando deba comenzar la horizontalidad eterna
Cuando se vaya la vida
Cuando llegue la muerte aborrecida
La odiada vieja de guadaña infalible
De signo inexorable y fatal
Ofrendaré los últimos recuerdos
A los seres amados
Reandaré el largo camino de mi existencia
Y de la existencia de los hombres
El camino milenario de la humanidad
Abrevaré de nuevo
En los manantiales cristalinos
Y puros de los más puros ideales
II
Serán nobles mis últimos pensamientos
Reafirmación de la ruta escogidaLa que escogimos tú y yo
La que siguen nuestros hijos
III
Mis últimos pensamientos serán para ti
Yo sé que tú cerrarás mis ojos
Conozco tu fortaleza
Y de seguro que no llorarás
Quizá sobre la tumba
Caiga una lágrima
Exprimida al corazón de roble
Por el dolor contenido será una lágrima gigante
Ella regará la tierra fértil
Y el surco universal se poblará de rosas purpurinas
Se proyectará más allá de la tumba
El rojo de nuestro amor sublime
Y el rojo de ese noble ideal
Que uniera nuestras vidas
¡Rojo eterno! ¡Rojo de perennidad!
¡Rojo de infinita inmensidad!
¡Comba roja del cielo futuro de la humanidad!

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